jueves, 6 de agosto de 2026

¿Amor o dependencia emocional?

Amor, pasión y obsesión son palabras que solemos mezclar cuando hablamos de una relación. Sin embargo, no significan lo mismo. Con el tiempo he comprendido que la dependencia emocional puede disfrazarse de amor, que la obsesión puede sentirse como pasión y que, cuando estamos inmersos en una relación intensa, es muy fácil confundirlas.

Durante mucho tiempo creí que amar era pensar en alguien todo el día, necesitar su presencia para sentirme bien, sufrir cuando se alejaba y sentir una euforia inmensa cuando volvía. Hoy sé que muchas de esas emociones no nacían del amor, sino del miedo, de la ansiedad y de la necesidad de ser elegida.

La pasión es intensidad. Enciende el deseo, acelera el corazón y nos hace sentir vivos. Puede ser maravillosa, pero también es pasajera. La obsesión, en cambio, estrecha la mirada: la otra persona se convierte en el centro de nuestra existencia. Dejamos de preguntarnos quiénes somos para preguntarnos únicamente si todavía nos ama.

El amor es diferente. No elimina el deseo ni la pasión, pero tampoco necesita controlar, perseguir o poseer. El amor permite que dos personas crezcan sin perderse a sí mismas. La dependencia emocional, en cambio, nos convence de que sin el otro no somos suficientes. Y esa es una diferencia enorme.

Quizá por eso tantas historias de amor parecen tan intensas: porque la literatura, el cine e incluso nuestras propias heridas nos han enseñado a romantizar el sufrimiento. Confundimos el vacío con profundidad, los celos con interés, la ansiedad con amor y la obsesión con pasión.

Hoy me interesa una pregunta distinta: ¿cómo se siente un amor que no nace de la carencia, sino de la libertad? Tal vez sea menos dramático, menos vertiginoso. Pero también mucho más verdadero. ¿tú que piensas?

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